Con el tiempo, y a través de mi trabajo de comunicaciones en muchas visitas de campo, se ha vuelto cada vez más clara la importancia de prestar atención no sólo a lo que es visible sino también a lo que configura silenciosamente el uso cotidiano de los servicios de agua, saneamiento e higiene (WASH).
A través de conversaciones, observaciones y reflexiones compartidas, un tema sigue resurgiendo: operaciones y mantenimiento (O&M).

A primera vista, muchas instalaciones de agua, saneamiento e higiene presentan un panorama positivo. Se han instalado puntos de agua. Se han construido letrinas. Existen estaciones de lavado de manos. Estas son señales visibles y tangibles de inversión y progreso. Sin embargo, pasar tiempo en estos espacios e interactuar con docentes, personal sanitario y administradores de instalaciones suele revelar un panorama más complejo, donde la sostenibilidad depende de factores que van más allá de la infraestructura.
En varias escuelas, se observó que las instalaciones para el lavado de manos estaban inactivas, no por falta de relevancia, sino porque se habían agotado los suministros de jabón, los grifos goteaban o no estaba claro quiénes eran los responsables de rellenar el agua. En algunos centros de salud, la infraestructura de saneamiento estaba instalada, mientras que los sistemas de mantenimiento eran informales o inconsistentes, lo que aumentaba la probabilidad de que pequeños problemas derivaran en interrupciones del servicio.
Estas observaciones no apuntan a fallos de diseño o de intención. Más bien, ponen de relieve un desafío recurrente en las labores de agua, saneamiento e higiene (WASH): la transición de la construcción a la prestación sostenida de servicios.
En muchos entornos WASH, las operaciones y el mantenimiento (O&M) se gestionan con distintos niveles de formalidad, consistencia y recursos. Cuando las funciones no están claramente definidas, los mecanismos de financiación son limitados o los sistemas de monitoreo son deficientes, incluso las instalaciones bien diseñadas pueden tener dificultades para brindar servicios confiables a largo plazo.
Las observaciones de campo también indican que una parte significativa de la responsabilidad de O&M suele recaer en personas con múltiples demandas que compiten entre sí. El profesorado que gestiona clases numerosas, el personal sanitario que prioriza la atención al paciente y los responsables de las instalaciones que operan con recursos limitados desempeñan un papel fundamental en el funcionamiento de los servicios. En estos contextos, las actividades de mantenimiento pueden volverse reactivas en lugar de rutinarias, respondiendo a las averías a medida que ocurren en lugar de planificarse sistemáticamente.
Al mismo tiempo se evidencian prácticas positivas.

En varias instalaciones, sistemas relativamente sencillos contribuyen a una funcionalidad más consistente: personas focales designadas para WASH, registros básicos de mantenimiento, contribuciones modestas de los usuarios y líneas de responsabilidad claras a nivel de escuela o instalación. Estos enfoques no dependen de tecnología avanzada ni de una financiación adicional significativa, sino de la claridad, la planificación y la responsabilidad compartida.
En conjunto, estas experiencias refuerzan una idea importante: el agua, el saneamiento y la higiene sostenibles no solo dependen de la infraestructura, sino también de los sistemas que la sustentan. Sistemas que facilitan el acceso a los cuidadores. Sistemas que anticipan el desgaste. Sistemas que reconocen el mantenimiento como un componente fundamental de la prestación de servicios.
A medida que continúo mi trabajo, creando historias de cambio e impacto de las intervenciones WASH en escuelas y centros de salud, varias preguntas siguen siendo centrales para garantizar que estos servicios se mantengan en el tiempo:
- ¿Quién es responsable del mantenimiento de las instalaciones a lo largo del tiempo?
- ¿Los costos de operación y mantenimiento están planificados y financiados de manera realista?
- ¿Tienen los usuarios y administradores las habilidades, las herramientas, el tiempo y la autoridad necesarios para llevar a cabo estas funciones?
De las historias que capturo, queda claro que el acceso a WASH no termina con la instalación. Se sustenta mediante las decisiones, prácticas y recursos cotidianos que mantienen el suministro de agua, el funcionamiento de las instalaciones de saneamiento y las prácticas de higiene.

Autor: Janet Olumbe, Responsable Regional de Marketing y Comunicación para África
Janet es licenciada en Comunicación Social y actualmente cursa una maestría en Comunicación Estratégica en la Universidad Cristiana de Uganda. Cuenta con más de seis años de experiencia en estrategia digital, narrativa y comunicación estratégica. Apasionada por el crecimiento y la colaboración, Janet se enorgullece de formar parte de una organización que invierte en el desarrollo de su personal y el fortalecimiento de sus capacidades internas. En su puesto regional, aspira a impulsar la visibilidad y el impacto de Water For People en toda África.
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